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EL ACOMODADOR (9/03/08)
¿Quién dijo que la vida no es justa? ¿ O canalla, quién dijo que no es canalla?
Desde que comenzamos esta página, hemos intentado actualizar este artículo semanalmente, no siempre lo hemos conseguido pero, ¿cual ha tenido que ser el que se quedara más tiempo colgado?: aquel en que hacía referencia a nuestra escuela de arquitectos. Pues bien, por hablar, reclutado como profesor!!!! bien merece una reflexión este ilusionante hecho.
La escuela ya no es la que recordaba. Y menos aún la asignatura en la que nos hemos visto envueltos: fin de carrera. El simple nombre ya es estremecedor. Después de tantos años, llegar hasta aqui debería ser un hito en si mismo para cualquier alumno. Pero acometer esta última cima con el peso del equipo de campamentos traseros (hasta con cinco asignatutas se puede uno matricular) difumina mucho la capacidad de concentración.
Mi trabajo en este tribunal es bien sencillo. Aconsejar a cada uno de ellos sobre el trabajo que proponen para comprobar el proceso de maduración de su trayectoria y su capacidad global para acometer un encargo arquitectónico. ¿Complicado?, bueno, no lo sé. Para mi es un placer y una responsabilidad a partes iguales.
Lo cierto es que este "nuevo encargo" obliga a una profunda reflexión personal sobre los requerimientos mínimos de un profesional de la arquitectura a la hora de encarar su ejercicio. Con cierto tono de humor, en algun clase me he definido como un simple acomodador de cine. Y me ratifico. Sin sombrerito por favor, pero sí con una linterna certera y potente.
Y es que los puntos de vista posibles sobre la misma película que es la arquitectura son tantos como posibles butacas ofrece una sala de cine. Y todas son factibles y respetables. Habrá quien quiera verla desde cerca, para centrarse en el detalle. Habrá quien quiera pasar al fondo para observarla desde la perspectiva de la globalidad. Habrá quien quiera verla desde la izquierda, desde el centro o desde la derecha (imposible omitir la metáfora política siendo día de elecciones). Como profesor-acomodador, no puedo tomar esa decisión por el alumno-espectador. En la propia esencia de nuestro trabajo está la capacidad de toma de decisiones.
Lo que sí queda en mi ámbito es esperarlos en la entrada de la sala, justo en el úlimo tramo de su recorrido. Una vez seguro de que tienen su entrada en orden, lo más que puedo hacer es escuchar sus preferencias, intuir sus gustos e iluminar una senda por la que poder caminar hacia su objetivo. Y respetar unas normas fundamentales del gremio del acomodador:
- No contar el final de la película: aunque la halla visto ya, es responsabilidad de cada alumno el conocer el desenlace de su propio guión, ya que en todo caso estamos hablando de cine de autor..
- Asegurar el silencio en la sala: como signo de concentración y trabajo. No existe producción arquitectónica que no implique estas dos cualidades. Ninguna. Porque la arquitectura no es la intuición de una solución, este punto es tan solo el posible punto de comienzo.
- Evitar el pirateo: nuestro trabajo es eso, trabajo. Hasta para copiar, debemos saber escojer nuestras fuentes, y reinterpretarlas para el esenario de rodaje elegido. Sería imperdonalbe el plagio en un proceso creativo.
Y a partir de aqui...disfrutar de cada uno de los más de cien largometrajes que me van a permitir contemplar en primicia: silencio, se rueda!
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PD:"porque sueño, sé que no estoy loco" , no he podido resistirme hablando de cine!!!
Víctor Moreno
arquitecto