
LA CASA RUSA (4/09/07)
Comienza un nuevo curso. En los colegios, y en los trabajos. Se nota que en septiembre las máquinas comienzan a moverse de nuevo. Lentamente. Mucho más ruido que velocidad, pero la algarabía es preludio de la productividad. Así sea.
Todo cambia y todo sigue. A veces creemos que no hemos avanzado un ápice en nuestro camino. Y la sensación de pesadez, de circularidad, entorpece el movimiento y agrava el peso de nuestro equipaje. Es bueno pararse. Un trago de agua, una reafirmación en el destino, y una mirada hacia lo avanzado introducen un aire especial en el sistema. Y a seguir.
Seguimos ambicionando el concepto de Arquitectura energéticamente sostenible. Con todos los ingredientes que implica la afirmación. Está ahí, cerca. Pero al igual que con esas muñecas rusas, cada vez que abrimos una de las envolventes que nos acerca a ese concepto, nos encontramos con otra exactamente igual. Y otra, y otra. Y a veces desesperamos. Porque si bien el deseo de todos sería la globalidad en el proyecto arquitectónico, la aplastante realidad es que, para llegar a la excelencia hay que atravesar previamente muchos aspectos previos. Y las características energéticas de nuestro trabajo entran aún en la excelencia y no en la obligatoriedad.
Sobre la mesa está ya superada la carcasa de la individualidad. Ahora somos un equipo, un estudio y no sólo un profesional. La muñeca de la normativa urbanística y técnica también han cedido su cadera, y son traspasables no sin cierta dificultad en algunos casos. La gran caja de la economía de la construcción sigue pareciendo pesada y compleja, pero tenemos la palanca que nos permite forzarla hasta consensuar las necesidades de nuestros clientes con la realidad. Y luego vino la señora del tiempo. Y nos obligó a un gran esfuerzo de organización y coordinación entre todos los implicados para poder cumplir nuestros compromisos. Si me preguntaran en que momento nos encontramos ahora mismo, pensaría más bien en la mesa sobre la que trabajamos:¿cuántas muñecas podemos abrir a la vez?.
Tengo la esperanza de que tras todas las abiertas, sea la muñeca energética la que tengamos frente a nosotros. Para poder modelarla, diseñarla y ofrecerla. Conocer el funcionamiento energético de nuestras ideas es una visión diametralmente diferente a lo que suele estar acostumbrada la gente que se acerca a la arquitectura. Y sería arrogante afirmar que nuestros ojos están acostumbrados a visualizarlo. A veces son muchas las cajas precedentes, y nos obligan a trabajar sobre suposiciones y no realidades. Las cosas no pueden creerse y saberse al mismo tiempo. Nosotros queremos saber.
Sé que hay muchísimas más casas dentro de cada casa. Siempre hemos disfrutado bailando con la muñeca ética, pues creo que un niño-arquitecto que no juega con ella, pierde su condición como tal. Y para ser arquitecto, nunca se debe dejar de ser un poco niño. Para poder sorprenderse por cada nuevo juego. Porque nadie debe engañarse: cada proyecto, viene embalado, hay que abrir cada una de sus casas para llegar hasta la recompensa final. Los que lo hayan hecho en alguna ocasión, sabrán el premio.
Sigue buscando.
Víctor Moreno
arquitecto