
TAL VEZ NO CONOZCO MI BARRIO
(... y mientras nos reuníamos, volvieron a multar mi coche)
Salgo de la reunión mantenida por el Ayuntamiento y los comerciantes para exponer el proyecto “piel sensible”, que peatonalizará gran parte de este sector del centro, y sigo sin dar crédito a la parcialidad con la que puede llegar a tomarse estos temas. Entiendo el esfuerzo que supone para la entidad pública el financiar estas obras, y que intente vendernos su gasto como algo orientado a nosotros, verdaderos sufridores del centro. Entiendo la delicadez con la que el arquitecto autor del proyecto ganador ha numerado y nombrado cada una de las piedras, y que intente transmitirnos la mayor de las sensaciones de seguridad posible. Pero, o mucho ha cambiado todo esto, o yo todavía no he visto a una “guiri” llevarse el vestido de novia comprado en la calle Cuna (que todo podría ser).La realidad de todo este engendro mediático que son las grandes obras públicas no hay que buscarla fuera de una sola palabra: turismo. El turismo, el ocio, el tiempo libre, son los verdaderos motores de las economías locales en ciudades como Sevilla. A nadie le importa si mi vecino arregla tres o cinco relojes al día. A nadie si su cliente podrá llegar a partir de la conclusión de la obra, y si las incomodidades que supongan la falta de aparcamientos disuasorios implicarán que se vaya a Los Remedios o al Corte Inglés. Lo que verdaderamente importa es que los turistas, los extranjeros, los visitantes que se dejan su dinero en los grandes hoteles y las grandes cadenas de turismo, vean a mi vecino en el taller tradicional de toda la vida, asomándose por sus cristales a ver su precioso lugar de trabajo (sin respeto alguno hacia la concentración necesaria para enderezar una rueda de volante,que menudo trabajo me costó aprender lo que era)
Y no digo yo que nosotros, como inquilinos de esta gran ciudad, no nos beneficiemos de esta maquinaria. Pero, si queremos mantener los comercios tradicionales como atractivo turístico, como valor cultural de nuestro centro (nuestros bordadores, nuestros ceramistas, nuestros anticuarios..) deberemos reflexionar sobre las verdaderas fuentes de las que se alimentan.
La peatonalización de nuestro centro es imprescindible. Y hacer que esta transición sea tranquila y esté a la altura de nuestra ciudad, obligación (y parece también objetivo) de su equipo de gobierno. Pero si cortamos todas las arterias de entrada (grabada en la memoria la impotencia en las campañas navideñas cuando un agente prohíbe el paso a Aguilas y no hay aparcamiento alguno que evite circunvalar el casco infinitamente), y hacemos aún más difícil la vida a cuantos volvemos cada mañana a nuestro centro después de haberlo odiado el día anterior, este casco histórico podrá solo mostrar la frialdad de la mayoría de opciones presentadas hasta la fecha: la frialdad de un centro sin habitantes propios. Y esos, no los aportan ni los presupuestos ni las maquetas.
Víctor Moreno Jiménez