![]() |
|
|---|---|
PEDIDO (14/04/08)
Carta abierta a mi gente de mi estudio
Hace poco os he pedido vuestra opinión a cada uno de vosotros sobre el estado del estudio. Sobre el pulso del trabajo, sobre las posibles mejoras, sobre vuestras sensaciones. Creo que es lo mínimo responder en la misma medida, pero, cómo no, a mi manera.
Sería de necios negar la realidad que rodea hoy en día el trabajo de un estudio de arquitectura. Desde hace un tiempo venimos detectando las diveras problemáticas a las que tenemos que hacer frente día a día. No solo nos repercute la crisis económica que a día de hoy es real. Todo el sector inmobiliario ha entrado en una espiral a la que no somos ajenos. Nos preparamos para ello, y ahora es el momento de demostrar que somos capaces de resguardarnos de la inhercia dominante. El tiempo de la cantidad ha quedado atrás. No nos subimos al carro de los proyectos rápidos y megalómanos por varios motivos. Porque no quisimos engordar como estudio a base de incorporaciones anónimas de autómatas. Quisimos simplemente crecer. No dejamos de defender aspectos energéticos en nuestra obra aún cuando ninguno de nuestros clientes los valorase. Quisimos ser coherentes. Y no permitimos que los cantos de abundancia alejaran nuestra atención de la necesidad de orden, lógica y sentido de equipo consustanciales a cualquier postura seria y responsable hacia nuestra profesión. Quisimos permanecer.
Ahora más que nunca me reivindico en estas líneas de trabajo:
VALORES ARQUITECTÓNICOS
Todos coincidís en la necesidad de defender los valores arquitectónicos que compartimos más allá del mero factor económico. Comparto esa idea. Es más, la presencia de ninguno de nosotros es casual en este equipo. Detrás de cada incorporación ha habido un criterio de profesionalidad por supuesto, pero de pasionalidad por añadidura. Cada mañana he acumulado toda la fuerza de que disponía para transmitir este criterio a cuantos han querido escucharlo. La arquitectura supera con creces la mera solución espacial a un problema de programa. Lo soluciona y lo supera. En ese orden. En cada reunión con un cliente, en cada comienzo de un proyecto, en cada escrito, en cada conversación he defendido este valor añadido.
Pero ha llegado la hora de demsotrar que esa capacidad está ahí. Que tras nuestros planos hay un cúmulo de reflexiones, de horas de trabajo. No solo de delineación, sino de reflexión, de investigación, de comunicación. De comprensión de la realidad a la que responde nuestro trabajo y de compresión en una solución funcional, elegante y sobria. No sólo en el mío. no sólo en el de cada uno de vosotros. Debe plasmarse en el verdadero resultado de nuestro quehacer que no es otro que el proyecto ejecutado. Cada gesto personal debe poder ser vertido en el conjunto de nuestro esfuerzo, de lo contrario no superará las paredes de nuestro estudio. Y soy de los que opina que el cuadro encerrado en la habitación no es arte.
VALORES LABORALES
El ambiente en el estudio es pieza fundamental de nuestro trabajo. Coincidimos de nuevo. Si no somos capaces de obtener equilibrio para nosotros mismos, difícilmente lo conseguiremos para los demás. Entre todos creo que hemos encontrado un denominador común capaz de permitirnos mantener nuestras vidas. Alejado de los estudios abosrventes. Capaz de permitirnos vivir, para volcar las vivencias en nuestro trabajo. Sólo existe un secreto para ello: disciplina y diálogo. ¿Todos para uno y uno para todos?:no. Todos como uno. Sé perfectamente que podemos hacerlo, porque tenemos todas las herramientas necesarias. Hemos invertido recursos, muchos, pero sobre todo, hemos invertido tiempo. tiempo para gestionar nuestro flujo de información y creatividad. tiempo para conocernos mutuamente y saber con anticipación las reacciones del resto del equipo. Y es del resultado que más orgulloso puedo sentirme.
VALORES PERSONALES
Nuestras vidas personales repercuten en nuestro entorno de trabajo. ¿Cómo podría intentar evitar esto yo? Sería el mayor de mis errores. Mi vida personal nutre de luces y sombras cada paso profesional que doy. Cada motivación y cada caida. Y es lo que hace que seamos un estudio vivo. Vuestras parejas, vuestros proyectos personales, vuestras amistades, vuestras vacaciones...son tan importantes para nuestra calidad como vuestros resultados. La alegría de una llegada, el entusiasmo por un viaje, la necesidad de una cervecita en el Salvador... No quiero que desaparezcan. Quiero que se viertan con la misma intensidad con que se generan en nuestros proyectos. que alimenten las historias de los personajes que ideamos para vivir nuestros aún inmateriales espacios, que nutran de complejidad los escenarios que debemos ser capaces de diseñar. Nuestras vidas son el mejor caldo de cultivo para nuestras ideas.
Todos sabemos los apasionanes retos que tenemos por delante. Una vez os pedí que pensárais que nuestro estudio era el mejor del mundo. Hoy lo sigo pidiendo, y subo la apuesta: hagamos que así sea. Porque solo lo conseguiremos entre todos. Abierta y públicamente asumo mis carencias: mis altibajos presenciales. Mi anodina y exasperante perseverancia. Mi atracción por múltiples y a veces dispares frentes. Pero confío en vosotros para moderarlos y corregirlos. Confiad vosotros en mi, en esa dirección de trabajo. Si quiero ser exigente es porque podemos serlo. Podemos ser mejores. Esta profesión que hemos elegido no se escribe a base de grandes logros puntuales. Solo los constantes pequeños esfuerzos harán que nuestro mensaje llegue. ¿Queréis que motivemos a nuestros clientes, que los llenemos de aire fresco fuera de esta atmósfera cargada en la que ha caído la arquitectura actual? Demostremos entonces nuestra verdadera motiviación: mejorar la vida de quienes confían en nosotros. Que no es poco.
Queda hecho el pedido, oido cocina.
Víctor Moreno
arquitecto